jueves, 14 de mayo de 2009

¿EL AMOR HA MUERTO CON DIOS?


Por:MarLoG
Hablar de amor es sumergirnos en un sinfín de connotaciones, de escribir poesía con el fuego de la pasión, de componer música con el corazón, de tratar de explicar síntomas de un estado físico y psicológico, adentrarnos en historias de amores prohibidos, de grandes obras maestras inspiradas en el sentimiento universal, desde “Romeo y Julieta” de William shakespeare hasta “El amor en los tiempos del cólera” de Gabriel García Márquez.

La concepción de amor, del proceso de enamoramiento y el desarrollo de las relaciones amorosas en la posmodernidad del siglo XXI no funcionan de la misma manera que en generaciones pasadas y es evidente, puesto que los procesos sociales cambian.

Entonces ¿describir actualmente el amor tal como al inicio de este texto es impensable?, en el caso de dar una respuesta afirmativa estaríamos anulando toda posibilidad de final feliz en los cuentos de hadas, por lo tanto, ¿regalar un ramo de rosas, una caja de chocolates, un poema o una carta de amor ha pasado de moda?.

Las razones que motivan a la gente a establecer una relación de pareja, son: la proximidad física, es más probable que se establezcan relaciones entre personas con proximidad física en determinado ambiente geográfico que entre personas que viven en lugares alejados; las actitudes similares, resulta sumamente atractivo compartir puntos de vista respecto a diversos temas; por último, la complementariedad de necesidades, en este punto, cierta necesidad de una parte se complementa, o encaja psicológicamente con determinada necesidad de la otra, fundamentando aquella frase que dice: “los polos opuestos se atraen”.

Sin embargo, no por nada lo arriesgado de nuestro título, haciendo referencia a los cambios que ha traído la Globalización con la influencia de otras culturas, norteamericana y europea principalmente, a través de los medios de comunicación masiva, no sólo de occidente sino también de las culturas orientales. Reflejado en el consumismo y la adopción a nuestra cultura de tendencias, estilos y modas extranjeros.

Es inevitable el contacto con otras culturas, en estos casos nos dejamos deslumbrar por las “promesas cumplidas de la Globalización“, no hace falta salir de casa para comprobarlo. Se preguntarán que relación tiene este proceso con el tema original, el amor, la razón por la cual recurrimos a los síntomas de la posmodernidad es porque es notoria la resignificación en la concepción de las situaciones y formas de demostrar el amor, traducidas en las diversas categorías en las que se puede sobrellevar una relación amorosa o lo más cercano a ella y en última instancia, promovidas por los medios de comunicación, ejemplos sobran: Sex and the city, Esposas Desesperadas, etc.

En la clasificación de las diversas formas de relacionarse íntimamente se encuentran: el “amor sin compromiso” en donde pasársela bien es lo que cuenta sin posibilidad de exigir responsabilidades, los “amigos con derecho” abundantes en la sociedad, “los free”, ¿les hace referencia a alguna situación personal?, como vemos, pareciera que cada vez las relaciones son menos formales y más superficiales, pero aún así al confirmarlo estaríamos cayendo en juicios de valor.

El Internet es otro factor que ha promovido las nuevas formas de socialización, a través de la red de redes se ha modificado la manera tradicional de generar y desarrollar relaciones interpersonales. La proximidad física parece no ser tan necesaria, sólo basta tener algunas cosas en común y la plática fluye por si sola o díganme si no han conocido aquellos casos en que personas de diferentes lugares geográficos o culturas aseguran haberse enamorado.

La exportación del espíritu individualista occidental nos lleva a buscar los mayores beneficios posibles a cambio del menor costo, pero realmente en una sociedad capitalista, esta visión no altera la ideología colectiva, al contrario la refuerza, quizás en palabras crudas, pero al final de cuenta ciertas.

Los enamorados van perdiendo las esperanzas y pareciera que inevitablemente afirmaremos nuestras terribles sospechas o quizás las denegaremos, lo importante es entender que en la resignificación de la concepción del amor, por tratarse de un proceso histórico, social y cultural, se contrastan diversos factores como la fidelidad, el sexo, otras prioridades como el ámbito profesional y personal, la estabilidad económica, el descubrimiento de nuevas experiencias, la diversión, la búsqueda de la identidad sexual, etc.

En las sociedades occidentales quizás se esté perdiendo el significado moderno del amor, aquella concepción en la cual se tenía que luchar por la persona amada hasta las últimas consecuencias, en contraste, en nuestros días, el compromiso no es necesario para demostrar lo que uno puede llegar a hacer por amor, por tal razón se ha vuelto tan popular la “unión libre” porque está claro que el matrimonio sólo asegura el patrimonio de los hijos, cuando los hay.

La ciencia dice que el amor no existe, sólo son momentos en los cuales nuestro hipotálamo produce el estimulante necesario para creer que estamos enamorados, tratándose solamente de atracción física. De la religión mejor no hablemos porque cada religión tiene su propia cosmovisión y opinión al respecto.

Creer que el amor no existe es una aberración porque incluso el amor es algo en qué creer, de otra forma cómo explicaríamos tanta belleza en las diversas formas de expresión humana, en la pintura, la danza, la música, la literatura, etc., etc., etc.

Los medios nos ayudan a socializar más allá del espacio físico pero aún no superamos la necesidad del contacto cara a cara, pues es a través de este encuentro es donde se construye nuestra vida cotidiana o contradígame quien opine lo contrario a la siguiente frase: “El beso no solamente expresa pasión sino que la origina“.

Posiblemente el amor de tu vida no exista, posiblemente si, son de las situaciones que aún no se han logrado comprender del todo, la religión, la ciencia, el arte tienen su postura, al final del día uno elige en qué creer, cómo amar y cómo demostrar ese amor, con un beso, una rosa, un e-mail, un poema, una canción, haciendo el amor, etc.