martes, 10 de febrero de 2009

El baul de los cuentos: EL PRÍNCIPE



A continuación les presento en EL BAUL DE LOS CUENTOS: EL PRÍNCIPE, un cuento de corta extensión que espero sea de su agrado, escrito porsupuesto por mi.


MarLoG


La lluvia moja el cristal de mi ventana y las gotas escurridizas no me dejan ver más allá, estoy solo con mis ansias de ser un gran príncipe, quizás el día no me ayude a cumplir mi más reciente sueño, porque es cierto que hoy quiero ser un príncipe.

Todo comenzó el sábado, después de leer un poco me fui a la cama y de pronto ya estaba soñando que era un gran príncipe, pero mi hermana interrumpió mi fantástica aventura, eran como las tres de la madrugada y entró a mi habitación muy asustada, no podía dormir, no me quedó más remedio que invitarla a dormir conmigo, pero ya no pude seguir soñando y me quedé con ese amargo sabor de boca, como a veces pasa en la vida, cuando crees tenerlo todo y sorpresivamente se te va todo de las manos.

El domingo lo primero que hice al acostarme fue pedirle a Dios que me permitiera continuar con el sueño del día anterior, pero tal vez por la desesperación de regresar a aquella tierra desconocida donde mi voz no era consumida por el eco del anonimato, por más que intentaba cerrar lo ojos, no podía, el insomnio me mantuvo despierto hasta las cinco de la madrugada, fue increíble regresar a la historia que estaba protagonizando en el inconciente de mi mente, mejor que las películas de ciencia ficción, mejor que los mundos virtuales en los que mucha gente trata de sumergirse, mejor que el sexo, ¡maldita sea! lo admito, mejor que eso; volviendo a la secuela de mi sueño, cuando por fin, después de recorrer los escenarios más sorprendentes que jamás haya visto y de salvar al amor de mi vida de despiadados villanos, la maldad del lugar donde me encontraba trató de vencerme, pero no pudo, bueno, hasta ese momento porque una vez más, alguien se atrevió a despertarme, era mi perro, que lamía mi cara.

El lunes fue fatal por dos razones, la primera por el desvelo y la segunda por la frustración de no conocer el desenlace de la historia del príncipe de mis sueños y no se vayan por lo literal de la frase, sino por lo importante que para ese momento ya era para mi querer ser un príncipe en la realidad, pero antes de eso, nadie intervendría con mi propósito de regresar y concluir con mi sueño, no daría marcha atrás, subí como a las nueve treinta a mi cuarto, me puse la pijama y me fui a la cama con la ilusión de volver a tener la misma suerte de la noche pasada, no pensaba en nada mas, me quedé mirando fijamente al reloj, ver la manecilla del segundero avanzar rápidamente me permitió deslindarme de la realidad y sin que pudiera ubicar el momento preciso en que pasé de la absoluta vigilia al lugar donde nos transportamos una vez que el sueño se apodera de nuestra mente, no encuentro la manera cómo explicarles lo que sentí al estar ahí como un gran príncipe, apuesto, poderoso, valiente, lamentablemente como en una película el final llegó y al despertar no escuché ni un solo aplauso por mi gran actuación, pero no conforme con dejar en mis sueños aquella sensacional experiencia, me empeñé en sacar al príncipe que llevaba dentro.

Pero mi insuficiente pasión y escasa euforia hicieron que en poco tiempo me decepcionara de lo vacía de mi lucha… ¡nadie creía que yo era un príncipe!, estuve al borde de gritarle a quien se cruzara en mi camino lo mucho que me habían lastimado, cómo era posible que no existiera ninguna persona en el mundo que creyera en mi, al contrario, se reían de mis palabras, entonces me encerré por varios días en mi habitación, la madre naturaleza estaba de mi lado, pues apenas decidí aislarme de la civilización, se soltó una lluvia imparable.

Después fueron llegando uno a uno, tocaron la puerta y no abrí, llamaron por teléfono y no contesté, sin embargó seguía lloviendo y las ganas de ser un príncipe no se esfumaron, por fin llegó el momento que muchos esperaban, un impulso superior me animó a salir y dar la cara, creí que aún estaría lloviendo, pero no fue así, y en lugar de explicar mi comportamiento huí por la tierra en busca del lugar a donde mis sueños me habían llevado, por mucho tiempo la búsqueda fue inútil y cuando pensé darme por vencido una princesa me tomó de las manos y me dijo que la acompañara, la distancia recorrida valió la pena, encontré aquel reino donde el tiempo no existe, donde la gente no pelea por ser diferente, porque todos son iguales, todos integrantes de la realeza en un mundo perfecto, pero al estar inmerso en aquel lugar, el mismo que busqué hasta el cansancio, sentí la falsedad caer sobre mí, entonces salí corriendo y me detuve a la orilla de un lago y miré por un momento mi reflejo, después desperté en mi palacio, siempre fui algo parecido a mi mismo y ahora podía verme, después decidí dejar de ser el príncipe que siempre había soñado y que irónicamente ya lo era.

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